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Renovar la vida 

¿Qué perdimos que siempre tenemos esa necesidad existencial de recuperar algo que sentimos nos falta?

Las pérdidas profundas en la vida no comienzan en el transcurso de nuestra historia terrenal, sino mucho antes. Si consideramos todas sus dimensiones, la pérdida que le provocó a la humanidad el primer pecado cometido por Adán y Eva (Génesis 3), coincidiríamos que la misma tal vez es la más dramática, ya que es el comienzo de todas las demás. La relación de común unión y amistad con el Creador, la capacidad de obrar el bien naturalmente, el sentido de reconocer la importancia de la necesidad en el otro, entre otras.  El choque tan dramático de esa primera caída nos hizo sentir miedo a la vida, a la muerte, a nosotros mismos y a otros. El profundo dolor que produjo está acción humana se describe claramente cuando vemos a un Dios perfecto que se arrepiente (Génesis 6:6) de haber creado a quienes ideó para amar y para ser amado por estos. Ciertamente la restauración de la humanidad caída debía ser lo primero en la agenda de una divinidad para la que el “darse por vencido” no está en la naturaleza de su carácter (Malaquías 3:6-7).

Miles de siglos de historia, de profecías y de aceptación de que los seres humanos no podían salvarse a sí mismos mediante sacrificios, ritos y leyes, le antecedieron a ese plan de rescatar la vida. La restauración plena debía venir desde la raíz del problema, así la solución debía darse por medio de un ser humano que cargara toda aquella responsabilidad del más grande error humano (Romanos 8:3-4; 5:12-21). ¡Y nos llegó Jesús con una inequívoca acción de restitución y salvación! A través de Él, la vida en pleno se torna nueva y vivificante. La existencia humana se renueva en todas las dimensiones del ser. Mediante la obra de su Espíritu Santo, y ante una fe fresca, sencilla y natural, el miedo se sustituye por confianza, el egoísmo por común unión con la otredad y la culpa inútil por responsabilidad hacia un proceso de vida propio y hacia la humanidad.

Quienes hemos vivido esta experiencia, de que nos convierta en seres plenos y con esperanza, sabemos que la vida se renueva ante la llegada de un nuevo comienzo. Sentimos que encontramos eso que perdimos. Lo más maravilloso es que ese “renovar la vida” es un proceso vivo, dinámico y constante. Cada despertar nuestro es un recuerdo a nuestras personas de la presencia divina y trinitaria que nos hace nuevos cada instante “… sus misericordias son nuevas (o sea, se renuevan) cada mañana, grande es su fidelidad” (Lamentaciones 3:23).  La bondad de Dios se extiende como un manto de misericordia, para que siempre que miremos a Él y a su obra redentora, nos salve, restaure y sane de todo aquello que el pecado nuevamente intente romper en nosotros. Nuestra vida se renueva cada vez que nos encontramos con Él, para no perdernos jamás (Juan 3:16).  Al comenzar la cuaresma usa esta época como un tiempo de renovar tu vida con la ayuda del Espíritu Santo.     

 

La Rvda. Dra. Maricarmen Laureano es conferencista internacional y predicadora itinerante. Como Psicóloga-Educadora en Calidad de Vida, se dedica a comunicar, enseñar y animar a las personas e iglesias a sanar para que mejoren sus vidas. Por treinta años, ha sido fundadora y facilitadora de Escuelas de Crecimiento y Desarrollo Personal. Está casada con el Pastor Billy Jusino y ambos viven en Río Grande, Puerto Rico.

What did we lose that we always have that existential need to recover something that we feel we lack?

The profound losses in life do not begin in the course of our earthly history, but much earlier. If we consider all its dimensions, the loss caused to humanity by the first sin committed by Adam and Eve (Genesis 3), we would agree that it is perhaps the most dramatic, since it is the beginning of all the others. The relationship of common union and friendship with the Creator, the ability to do good naturally, the sense of recognizing the importance of the need in the other, among others. The dramatic shock of that first fall made us fear life, death, ourselves, and others. The deep pain that this human action produced is clearly described when we see a perfect God who repents (Genesis 6:6) of having created those whom he designed to love and to be loved by them. Certainly, the restoration of fallen humanity should be first on the agenda of a divinity for whom “giving up” is not in the nature of his character (Malachi 3:6-7).

 

Thousands of centuries of history, of prophecies and of acceptance that human beings could not save themselves through sacrifices, rites, and laws, preceded this plan to rescue life. Full restoration had to come from the root of the problem, so the solution had to be given through a human being who would bear all the responsibility for the greatest human error (Romans 8:3-4; 5:12-21). And Jesus came to us with an unequivocal action of restitution and salvation! Through Him, life in its entirety becomes new and life-giving. Human existence is renewed in all dimensions of being. Through the work of his Holy Spirit, and in the face of a fresh, simple and natural faith, fear is replaced by trust, selfishness by common union with otherness and useless guilt by responsibility towards one’s own life process and towards humanity.Those of us who have lived through this experience, that it makes us full beings with hope, know that life is renewed when a new beginning arrives. We feel that we found what we lost. The most wonderful thing is that this “renewal of  life” is a living, dynamic and constant process. Each awakening of ours is a reminder to our people of the divine and trinitarian presence that makes us new every moment “… his mercies are new (that is, they are renewed) every morning, great is his faithfulness” (Lamentations 3: 2. 3). The goodness of God extends like a cloak of mercy, so that whenever we look at Him and His redemptive work, He saves, restores and heals us from everything that sin again tries to break in us. Our life is renewed every time we meet Him, so that we never lose ourselves (John 3:16). As Lent begins, use this season as a time to renew your life with the help of the Holy Spirit.

 

The Revd. Dr. Maricarmen Laureano is an international speaker and itinerant preacher. As a Quality of Life Psychologist-Educator, she is dedicated to communicating, teaching and encouraging people and churches to heal so that they can improve their lives. For thirty years, she has been the founder and facilitator of Schools for Personal Growth and Development. She is married to Pastor Billy Jusino and they both live in Río Grande, Puerto Rico.

 

Rvda. Dra. Maricarmen Laureano

1 comentario en “Renovar la vida ”

  1. Ulisrs Hernández

    ” Santa, para mejorar la vida ” me suena interesante y edificante el término. Me gustaría conocer más éste tema de manera personal y, cómo Iglesia. Gracias por compartirlo. Muchas Bendiciones !!

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